Del Señor somos

Ya han pasado dos semanas desde la última vez que escribí. La semana anterior vivimos una situación difícil como familia. Mi cuñada, esposa de mi hermano mayor, enfermó repentinamente. (si quieres saber con detalle lo que ocurrió, puedes leerlo en su blog aquí). Fueron horas sin saber que estaba pasando, imaginando lo peor, ayudando a cuidar y contener a mis tres pequeños sobrinos. Estos son los momentos en que la palabra de Dios cobra vida con fuerza. Fueron momentos para recordar que somos pobres de espíritu, que lo necesitamos a Él, y que bienaventurados somos de depender de nuestro amado Señor. Fueron momentos para aferrarnos a su inmensidad, porque no importa el tamaño del gigante que enfrentemos, Dios es inmenso y podemos escondernos en Él y esperar para ver Su Gloria, ¡y así fue! Como familia vimos la Gloria de Dios, pudimos ver su mano sobre nosotros, su milagro, su amor y su gracia, y lo que comenzó como un episodio terrible de nuestras vidas, tuvo un final feliz, sintiéndonos agradecido y dichosos de ser Hijos de Dios.

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Una historia de sanidad

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? Mateo 6:26 (RV1960) el Señor me enseñó de diversas formas de la ternura, compasión y preocupación que Él tiene por su creación, y, cuanto más, por sus hijos.

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