En búsqueda de la Sabiduría

Estaba leyendo tranquilamente en mis tiempos quietos con el Señor el libro de Génesis, un pasaje muy conocido. Tan conocido que uno podría describir casi de memoria lo que acontece, más si, como yo, has estado de niño en la escuela dominical. El pasaje de “La caída del hombre”. Es una historia tan sabida que, cuando uno la lee, muchas veces tiene la tendencia de pasar rápidamente por el pasaje sin poner atención en los detalles.

Pero esta vez mi lectura fue distinta, pues hubo algo que captó profundamente mi atención.

La serpiente era el más astuto de todos los animales salvajes que el Señor Dios había hecho. Cierto día le preguntó a la mujer:

—¿De veras Dios les dijo que no deben comer del fruto de ninguno de los árboles del huerto?

 —Claro que podemos comer del fruto de los árboles del huerto —contestó la mujer—.  Es solo del fruto del árbol que está en medio del huerto del que no se nos permite comer. Dios dijo: “No deben comerlo, ni siquiera tocarlo; si lo hacen, morirán”.

 —¡No morirán! —respondió la serpiente a la mujer—.  Dios sabe que, en cuanto coman del fruto, se les abrirán los ojos y serán como Dios, con el conocimiento del bien y del mal.

 La mujer quedó convencida. Vio que el árbol era hermoso y su fruto parecía delicioso, y quiso la sabiduría que le daría. Así que tomó del fruto y lo comió. Después le dio un poco a su esposo que estaba con ella, y él también comió.

Génesis 3:1-6 [La Biblia, NTV]

La frase que captó mi atención fue “y quiso la sabiduría que (el árbol) le daría”. ¡Impresionante! Tenemos que recordar que antes de la caída, Adán y Eva eran amigos de Dios, caminaban con Él, conversaban, tenían intimidad con aquel que es Creador de todo, Señor de todo y fuente de toda Sabiduría. Sin embargo, Eva se encandiló con la idea de alcanzar la Sabiduría con un solo mordisco, sin tener la necesidad de volver a la fuente. Ser sabia sin la necesidad de depender de Dios. Y decidió tomar de aquel fruto que se le hizo hermoso y codiciable ante sus ojos. Pero, ¿alcanzó esa tan anhelada Sabiduría?

 Luego el Señor Dios dijo: «Miren, los seres humanos se han vuelto como nosotros, con conocimiento del bien y del mal. ¿Y qué ocurrirá si toman el fruto del árbol de la vida y lo comen? ¡Entonces vivirán para siempre!».

Genesis 3:22 [La Biblia, NTV]

No, pues, los seres humanos adquirieron conocimiento del bien y del mal, pero eso no los hizo más sabios. La sabiduría es un conocimiento profundo que nos lleva a una conducta prudente en la vida, por lo tanto no basta solo con conocer, hay que saber vivir sabiamente. En el inicio de la humanidad, el corazón del hombre, antes de la caída, era puro, incapaz de maquinar maldad, pero al tomar del fruto, ese corazón no solo conoció qué era bueno y qué era malo, sino que se volvió esclavo de aquella maldad.

Es así como comienza la intensa búsqueda de aquella Sabiduría que no recibió Eva, y que muchas veces parece inalcanzable.

El conocimiento en la humanidad ha avanzado, y junto con él, la ciencia y la tecnología; nacen nuevas filosofías, ideas y pensamientos, pero el hombre no se hace más sabio. Ni todo el conocimiento de este mundo es capaz de entregarnos la verdadera Sabiduría. ¿Por qué? Porque el hombre insiste en cometer el mismo error de Eva, quiere alcanzar la Sabiduría sin tener que acercarse a la fuente.

Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.

Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.

Profesando ser sabios, se hicieron necios,

y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos,

ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

Romanos 1:20 – 25 [ La Biblia, RV1960]

Cuánta soberbia se esconde detrás de esta intensa búsqueda. El hombre se rehúsa a darle la Gloria a Dios, y en cambio se envanece en sus propios razonamientos. Prefiere creer en el Big Bang y la Evolución, a pesar de todos sus vacíos en sus pruebas científicas, antes que creer que Dios es Creador y Señor de todas las cosas. Profesan ser sabios y se hacen necios tal como aquella larga lista de filósofos que, teniendo apariencia de Sabiduría, terminan sus días sumergidos en la locura y en la miseria.  Y lo peor de todo es que, al igual que Adán y Eva, esta insistencia del hombre de negar la Sabiduría de Dios lo ha llevado a la esclavitud del pecado. A causa de la soberbia de su propio corazón Dios los ha entregado a su propia inmundicia y pasiones desordenadas.

Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen;

estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades;

murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,

necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia;

quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.

Romanos 1:28 – 32 [La Biblia, RV60]  

Y si nos fijamos en la última parte que dice: “quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican” nos podremos dar cuenta que, tal como ocurrió con Adán y Eva, no basta con el conocimiento del bien y del mal, sino que es necesario reconocer a Dios como Señor y fuente de toda Sabiduría. Pues aquellos, a causa de su rebeldía en contra de Cristo, sabiendo que son dignos de juicio y de muerte, siguen complaciéndose en el pecado.

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Gracias a Dios, literalmente, el escenario del cristiano es totalmente diferente. Una vez que hemos reconocido a Cristo como nuestro Señor (y me refiero a reconocerlo de manera práctica, por medio de nuestra obediencia, no sólo con una oración), nuestra frenética búsqueda se termina y tenemos el hermoso privilegio de volver a la fuente de toda Sabiduría. Pues dentro de las promesas que Dios ha preparado para sus hijos está el libre acceso a su propia Sabiduría, porque la reconciliación que Cristo nos dio por medio de su sangre permite que volvamos a acercarnos a la fuente.

 Sin embargo, hablamos Sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y Sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.

Mas hablamos Sabiduría de Dios en misterio, la Sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria,

la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

1 Corintios 2:6 – 8 [La Biblia RV1960]

¡Amo esta promesa que Dios nos ha dado por medio de su Palabra! Porque ni lo príncipes, o gobernantes, ni científicos, ni comerciantes, ni artistas, ni estudiosos tienen acceso a esta Sabiduría que está reservada sólo para los hijos de Dios. Es una Sabiduría que ha sido oculta y solo puede ser revelada cuando nos acercamos a la fuente, pasando tiempo con el Señor, tal como lo hacía Adán y Eva antes de la caída, pasando tiempo de intimidad, escuchando Su voz y Su Palabra.

 Antes bien, como está escrito:

Cosas que ojo no vio, ni oído oyó,   Ni han subido en corazón de hombre,   Son las que Dios ha preparado para los que le aman.

Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.

1 Corintios 2:9 – 11 [La Biblia, RV1960]

La Sabiduría de Dios es algo que sobrepasa nuestra intelectualidad y nuestra imaginación, algo que nuestras mentes finitas no pueden alcanzar, pero que se nos revela por medio del Espíritu Santo. Pues el Espíritu escudriña hasta lo profundo de Dios para revelarnos su corazón ¿No es esto maravilloso? La revelación de la Sabiduría de Dios es un momento de absoluta intimidad en el que nos revela su propio corazón.

Y La promesa de Dios no termina ahí.

Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. 

1 Corintios 2:16 [La Biblia, RV1960]

Jamás tendremos conocimiento suficiente para instruir a Dios, pero sí nos promete entregarnos la mente de Cristo. Esto sí que es impresionante. La mente de quien creó todas las cosas, quien tiene todo el conocimiento y comprende toda ciencia nos ha sido entregada.

Yo he llegado a enteder esto de una manera muy práctica. En un momento en que necesitaba aprender inglés, para usarlo en su servicio por medio de la traducción, Dios puso esta convicción en mi corazón: Si yo tengo la mente de aquel que conoce todos los idiomas de este mundo,  entonces puedo aprender inglés sin ningún problema. Así fue, y vi la mano de Dios por medio de este aprendizaje.

¡Tenemos la mente de Cristo! ¿Hay algo en esta vida que Cristo no pueda comprender o no pueda resolver? ¿Hay algo demasiado difícil para Cristo? Tenemos la mente de aquel hombre sabio que tuvo las respuestas perfectas para cada situación y cada conversación. Te invito a que busques en el evangelio de Juan todas las veces que los fariseos quisieron tenderle una trampa con preguntas capciosas. Nunca lo lograron, porque sus respuestas estaban llenas de Sabiduría. Quedaban atónitos con sus enseñanzas, porque no eran como la de la fariseos. Tenemos la mente de aquel que tiene pleno conocimiento tanto de las cosas naturales como de las celestiales, y su Espíritu Santo es quien nos revela todas estas cosas.

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Lo que más me preocupa de todo esto, es que, a pesar de este gran privilegio, veo a los hijos de Dios valorar más la Sabiduría del hombre que la de Dios. La idea de que la Biblia es obsoleta y que hay que adaptarla a la sociedad y modernidad de hoy, ha contaminado nuestras iglesias. Hoy existe la tendencia del pensamiento humanista cristiano, en donde situamos al hombre en el centro y hacemos que Cristo y su Palabra gire en torno a él. Es algo sutil, a veces difícil de percibir, pero al momento de tomar decisiones importantes, tal como la educación de nuestros hijos, o al enfrentar situaciones difíciles, obedecemos a lo que la ciencia y la psicología nos enseña antes que escuchar a lo que Dios tiene para decir.

Cuán ilógico es darle más autoridad a una ciencia que cada tanto en tanto cambia de parecer, o una psicología que va cambiando según el pensamiento de la época, casi como una moda, frente a la inmutable Palabra de Dios. Pero cielo y tierra pasarán, más  Su Palabra no pasará.

¿Eso quiere decir que estoy en contra de que el cristiano estudie, o que adquiera conocimiento en distintas ciencias? Por supuesto que no. Es más, en el libro de Daniel dice que Dios le dio a Daniel y a sus amigos conocimiento e inteligencia en todas las letras y ciencias, Él mismo los capacita. Y todos reconocían que no había otros tan sabios como estos judíos. Sin embargo,  existe un principio que no podemos pasar por alto si queremos alcanzar la Sabiduría:

El principio de la Sabiduría es el temor de Jehová; Los insensatos desprecian la Sabiduría y la enseñanza.

Proverbios 1:7 [La Biblia, RV60]

Este es el inicio de la verdadera Sabiduría, de aquel conocimiento profundo que me lleva a vivir una vida recta y prudente. El temor de Dios. ¿Quieres saber si estás caminando en Sabiduría? Analiza cuánto temor de Dios hay en tu caminar. Quizás algunos se preguntan, Y ¿Qué es el temor de Dios? Es esa reverencia que tenemos delante de Dios, que nos lleva a reconocer su Señorío, su Grandeza y su Majestad. Es doblar las rodillas de tu corazón,  y someter tu vida a Él. En términos aún más prácticos: es vivir en obediencia a Dios. Por lo tanto, si quiero andar en Sabiduría, debo someter todo conocimiento a este principio.

Déjame darte un ejemplo práctico: ¿Hay temor de Dios detrás de la teoría del Big Bang? No, porque niega la existencia de Dios. Es por eso que no hay Sabiduría detrás de ella. (Si tienes dudas con respecto a esto te invito a investigar sobre el Creacionismo y te encontrarás con una teoría que habitualmente no enseñan en los colegios, pero que tiene más fundamento científico que el Big Bang o la Evolución). Bajo este principio, puedes analizar todo conocimiento y ciencia que recibas y determinar si realmente es un consejo sabio, o no. Porque si es algo que contradice a Dios o a Su Palabra, no es más que necedad de hombres. Sé que aquellos que no conocen a Cristo podrán considerar esto un acto de soberbia de parte de los Cristianos. Pero, más bien, son soberbios aquellos que se envanecen en sus propios conocimientos, que confían en su propia opinión y creen ser más inteligentes que Dios.

Hijo mío, si recibieres mis palabras,   Y mis mandamientos guardares dentro de ti,

Haciendo estar atento tu oído a la Sabiduría;   Si inclinares tu corazón a la prudencia,

Si clamares a la inteligencia,   Y a la prudencia dieres tu voz;

Si como a la plata la buscares,   Y la escudriñares como a tesoros,

Entonces entenderás el temor de Jehová,   Y hallarás el conocimiento de Dios.

Porque Jehová da la Sabiduría,   Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.

El provee de sana Sabiduría a los rectos;   Es escudo a los que caminan rectamente.

Es el que guarda las veredas del juicio,   Y preserva el camino de sus santos.

Entonces entenderás justicia, juicio   Y equidad, y todo buen camino.

Proverbios 2:1 – 9 [La Biblia, RV1960]

Así de sencilla puede resultar nuestra búsqueda de la Sabiduría. Porque no importa si eres un científico, un gobernante, un letrado, un zapatero, o un simple pescador; si nos acercamos a la fuente, escuchamos sus palabras y obedecemos sus mandamientos, entonces alcanzaremos la tan anhelada Sabiduría.

 

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