Los caminos de Dios

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Josué, Gedeón, y el profeta Elías. ¿Qué tienen en común? Estos tres hombres enfrentaron enemigos temibles, ante los ojos humanos ninguno de ellos tenía cómo vencer. Los tres fueron fieles a Dios y confiaban en Él. Todos ellos fueron valientes para obedecer al Señor, por ilógica que pareciera su estrategia. Y cada uno de ellos fue testigo de Su poder, venciendo a sus enemigos de forma sobrenatural.

Josué

Había llegado ese tan esperado momento: era tiempo de tomar la tierra que Dios había prometido a su pueblo. Era una tierra hermosa en donde fluía leche y miel, pero estaba habitada. Los pueblos que la ocupaban eran pueblos no pequeños y con ciudades fortificadas. Años atrás, Josué había estado ahí junto a otros once espías. Él sabía que esa tierra era suya porque Dios se la había dado, pero el resto de los espías tuvieron miedo, se sentían como langostas al lado de sus enemigos. El pueblo entró en pánico y prefirió quedarse en el desierto. Habían pasado muchos años desde aquel día y ya no quedaban rastros de ese temeroso Israel. El pueblo que estaba con Josué era una generación nueva de Israelitas. Ellos no sentían miedo, pues habían crecido viendo cómo el poder de Dios los cuidaba diariamente. Y Josué no confiaba en las capacidades guerreras del pueblo, sino en la grandeza de su Dios, a quien conocía de cerca porque nunca se apartaba de su Presencia.

La primera ciudad que iban a tomar era conocida como Jericó, estaba cerrada, con grandes muros a su alrededor. Imposible de entrar. La estrategia de Dios era un tanto extraña, poco común en una guerra, pero ellos, confiando en su palabra, obedecieron. Durante siete días dieron vueltas alrededor de la ciudad, y en el séptimo gritaron por la victoria que se avecinaba. Ellos vieron la obra sobrenatural de Dios que derrumbó los muros, vencieron y tomaron la tierra que Dios había entregado en sus manos. (Lee la historia en Josué 6).

Gedeón

Gedeón vivía en un pueblo que había sido empobrecido por el constante ataque de los madianitas. Hace unos años ya que Israel había dejado los caminos de Dios, y vivían la consecuencia de su propia rebeldía. Sin embargo, en medio del sufrimiento algunos comenzaron a rendir sus corazones al Señor y a clamar por su rescate. La respuesta vino a través de un joven llamado Gedeón. No fue elegido por su experiencia, ni su capacidad de liderazgo; sino por ser esforzado y valiente, con un corazón fiel al Señor. Tal fue su fidelidad que fue capaz de destruir los ídolos que tenía su propio padre para Baal y Asera.

Como solía suceder cada cierto tiempo, los madianitas y los amalecitas estaban preparándose para su nuevo ataque contra Israel, para saquear y robar todo lo que ellos tenían. Pero esta vez algo era diferente, Dios iba a defenderlos y ya tenía preparada su estrategia. Había encargado a Gedeón que reuniera un ejército para dar la batalla y él reunió a 32.000 hombres. No era un gran número para enfrentarse a dos pueblos, pero era demasiado grande para el plan de Dios. Fue por eso que el Señor hizo que disminuyera el ejército de Israel hasta que quedaron 300 hombres. Ante los ojos humanos, un número demasiado pequeño para vencer un ejército innumerable como la arena, una verdadera locura; pero ante los ojos de Dios, un ejército de sólo 300 hombres era suficiente para mostrar su Gloria. Fue así como, en medio de la oscuridad de la noche, el Señor entregó a los de Madián en las manos de Gedeón, por medio del terror y la confusión. El Señor destruyó al enemigo y éste huyó despavorido (Lee la historia en Jueces 6-7).

El profeta Elías

Eran los años del rey Acab, uno de los reyes más terribles que vio el pueblo. Fue desagradable ante los ojos de Dios más que todos sus antepasados. Deshonró a Dios levantando imágenes de Baal y Asera. Por otro lado, su mujer, Jezabel, persiguió a todos los profetas de Dios, al punto que Elías fue el único sobreviviente de tal masacre.

Ya había sido suficiente. Luego de tres años de intensa sequía sobre Israel, y de estar escondido temiendo por su vida, había llegado el día escogido por Dios para hacer volver los corazones de los israelitas y restablecer su Gloria sobre su propio pueblo. Elías, en obediencia al Señor, se presentó frente a quien lo había buscado incesantemente para asesinarlo, al rey Acab. Lo desafió a reunir a todo el pueblo, junto a los 450 profetas de Baal y Asera para demostrar quién era el verdadero Dios. Los provocó, diciendo a todo el pueblo: “¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él.” (1 Reyes 18:21). Mandó a traer dos bueyes para preparar sacrificio: Los profetas de Baal prepararían uno e invocarían a sus dioses para que éstos encendieran fuego de manera sobrenatural sobre el sacrificio. De la misma manera, Elías oraría a Jehová para que, de manera sobrenatural, Él encendiera el suyo. Así lo hicieron, los 450 profetas estuvieron desde la mañana hasta el mediodía clamando a gran voz y autoflagelándose para recibir respuesta de sus dioses, sin resultados. Elías se burlaba de la locura de aquellos hombres necios, que buscaban respuestas ante estatuas de piedra, que no veían, no escuchaban, ni podían responder. Llegó el turno de Elías, confiado en la grandeza de Dios preparó su sacrificio y, una vez listo, mandó a que mojasen el altar, la leña y el buey con doce cántaros de agua. Oró al Señor y pidió que mostrara que Él es el único Dios verdadero, que manifestara su poder ante los ojos de su pueblo. El Señor, respondiendo ante la valentía y fe de Elías, envió fuego que consumió la leña, el buey, e incluso las piedras y el agua ¡Grandioso milagro de un Dios que está por sobre las leyes naturales! Y todo Israel supo quién era Jehová. (Lee la historia en 1 Reyes 17-18).

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En la vida de todo cristiano

Estas tres historias tienen un denominador común que debe estar en todo cristiano: Ninguno de ellos confió en estrategias de hombres, sino que confiaron en Dios y obedecieron a sus estrategias, para así ver su Gloria. En la Biblia, estos no fueron los únicos, cada persona que confió en Dios y le obedeció, vio su poder sobrenatural.

Y así también ocurrió con el apóstol Pablo.

Aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo;

y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz, y se espantaron; pero no entendieron la voz del que hablaba conmigo.

Y dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí se te dirá todo lo que está ordenado que hagas.

Y como yo no veía a causa de la gloria de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, llegué a Damasco.

Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,

vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.

Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.

Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.

Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

Hechos 22:6-16 (La Biblia, RV1960)

Este es un relato que hace Pablo de su propia conversión. Aquel momento en que Cristo se apareció ante Él para cambiar el transcurso de su vida. Pablo dejó de ser un perseguidor de cristianos para transformarse en un predicador del Evangelio de Cristo. Es maravilloso ver cómo una persona que se encuentra con Cristo no solo recibe una nueva vida, sino que recibe un propósito. El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca. Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.”  ¡Maravillosa obra de redención que hace el Señor en la vida de un hombre!

Si seguimos la línea de lo que Dios hizo en la vida de Josué, Gedeón y Elías -entre muchos otros fieles al Señor-, la única manera de vivir en los propósitos que Dios tiene para nosotros es andar en la voluntad de Dios. “El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad”, y el andar en la voluntad de Dios implica deshacernos de nuestras “buenas ideas” y estrategias humanas para someternos a la estrategia de Dios.

Observa cómo sigue el relato de Pablo:

 Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis.

Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.

Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti;

y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.

Hechos 22:17-20 (La Biblia RV1960)

Miren el acto racional del apóstol Pablo: comete el clásico error que cometemos los cristianos, ver la situación con ojos de hombre y tratar de cumplir el propósito de Dios con estrategias humanas, intentando hacer entrar en razón al Señor.

-¿Qué vaya a los gentiles? pero Señor, ¡mira el tremendo testimonio que tengo para convencer a los judíos! Yo, que perseguía, encarcelaba y mataba a los cristianos, ahora predico el nombre de Cristo. Ellos, que me conocen, que conocen mi celo por ti, verán mi transformación y serán convencidos a seguirte.

Parece lógico ¿verdad? levante la mano aquel que habría razonado como Pablo (yo la tengo levantada). Pero el Señor, que conoce todas las cosas, el pasado, lo porvenir y lo oculto de los corazones de las personas, respondió a Pablo:

Pero me dijo: Ve, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.

Hechos 22: 21 (La Biblia, RV1960)

Me encanta la manera en que el Señor lidia con nuestros razonamientos humanos. Simplemente no discutió con Pablo. -Ve y obedece mi voluntad. Porque su voluntad es buena, agradable y perfecta.

Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.

Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Isaías 55:7-9 (La Biblia, RV1960)

¡Dice que dejemos nuestros caminos y nuestros pensamientos! para ir en pos de Cristo. Existe una verdad que los cristianos usualmente olvidamos y que la Biblia nos lo recuerda constantemente: Dios es sobrenatural. Él es Señor de todas las cosas y por lo tanto no está sujeto a las leyes naturales. Y nosotros, como sus hijos, tenemos el derecho de caminar en su sobrenaturalidad. Una vez que hemos abandonado nuestros propios caminos, tenemos la potestad de andar por caminos celestiales.

Por otro lado, la Palabra dice que lo insensato de Dios es más sabio que los hombres. ¿Puede Dios ser insensato? de ninguna manera. Sin embargo, hay veces que la voluntad de Dios parece actos de locura, como rodear una ciudad fortificada durante siete días, ir a la guerra con 300 hombres, que un profeta se enfrente a 450 hombres malvados o enviar a Pablo a predicar en medio de los gentiles. Y nuestra obediencia será ante los ojos del mundo un acto de fe un tanto extremista. Pero esta fe y obediencia es la que desata el poder de Dios y la manifestación de su Gloria sobre este mundo. 

Finalmente, para no dejarte a la mitad de la historia. Pablo, debido a su obediencia a la voluntad de Dios, es uno de los responsables de que todo Asia menor y Roma fueran llenas del Evangelio de Cristo. Definitivamente, Dios sabía lo que estaba haciendo enviando a Pablo a los gentiles.

Busca la voluntad del Señor, obedece y vive en la sobrenaturalidad de Dios.

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