El Significado de la Cruz

La época de Semana Santa siempre es una buena oportunidad de reflexionar en la obra de Cristo. Hasta en la televisión, en donde rara vez podemos ver programas con contenido cristiano (por no decir nunca), se dan el tiempo de pasar películas acerca de la vida de Jesús. Son innumerables las veces que, siendo niña, vi “Jesús de Nazaret”, una película que duraba casi todo el día, para relatar en detalle su vida, su obra y su pasión. Pero, en estos días de reflexión no solo debemos recordar la vida de Cristo como una linda historia, sino que debemos aprovechar la oportunidad de meditar y profundizar el verdadero significado de su sacrificio en la Cruz.

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Una expresión de amor

No podemos comenzar a hablar de la obra de Cristo en la Cruz sin hablar del amor, porque sabemos que lo que sostuvo a Jesús en esa Cruz fue el amor hacia cada uno de nosotros, así como también el amor movió el corazón del Padre a dar a su Hijo en sacrificio para salvarnos.

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.

1 Juan 4:9 – 10 (La Biblia, RV1960)

Que maravillosa expresión de amor, que mientras nosotros éramos sus enemigos, Dios entrega a Su único Hijo para librarnos del pecado y reconciliarnos con Él. Nota que aquí no hay ningún mérito nuestro, porque Él nos amó primero. Es Su misericordia,  Su amor y Su gracia quien nos reconcilia, sin que hayamos hecho nada para merecerlo. Pero eso no es todo, la Cruz es la mayor expresión de amor que haya conocido esta tierra.

Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

Juan 15:13 (La Biblia, RV1960)

¿Han escuchado alguna vez que no hay amor más grande que el amor de una madre? pues, según este versículo, existe un amor aún mayor, con el respeto a todas las mamás lectoras de este blog, el amor de Cristo. Él fue quien no consideró su vida, ni su deidad como cosa a que aferrarse, sino que se humilló a sí mismo, se puso bajo maldición para recibir nuestro castigo y salvar nuestra alma. Él es quien, siendo Señor, nos llama amigos y nos hace partícipes de Su Obra.

Una de las películas que más me ha gustado es “Corazón Valiente”. Es una película que inspira, porque es la historia de un hombre que lucha y muere por la libertad de su gente, pero ¿sabes cuál es diferencia entre Cristo y William Wallace? Que mientras este hombre muere luchando, y se rebela ante sus opresores hasta el último suspiro, Cristo se entregó, siendo Dios y teniendo un ejército de ángeles que lo podían defender, como cordero al matadero por amor a ti y a mí.

Remisión de pecados

Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.
Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo: Bebed de ella todos;
porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados.

Mateo 26:26 – 28 (La Biblia, RV1960)

Así lo declaró Jesús en su última cena junto a sus apóstoles. Cristo remite nuestros pecados por medio del derramamiento de su sangre. Él nos limpia, nos purifica y nos libra de la condena que merecemos por causa de nuestro pecado. Pero, al mismo tiempo, Cristo nos hace una demanda: “Bebed de ella todos”; este es un pacto firmado con el derramamiento de su propia sangre, pero no podemos ser partícipes de tal pacto si no la bebemos.

Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él.

Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí.

Juan 6:53-57 (La Biblia, RV1960)

La obra de la Cruz significa el perdón de nuestros pecados, sin importa el tamaño de este, ni el horrible pasado que tuvimos antes de encontrarnos con Él. Cristo murió por nosotros, pero no para que pequemos libremente, una y otra vez, mientras el Señor extiende su perdón, sino que remite nuestros pecados y nos hace libres para vivir como Él. Comer su cuerpo y beber su sangre es que Cristo se vuelva parte nuestra, y como el Señor es el verbo hecho carne, Cristo espera que por medio de su perdón tengamos la libertad de vivir en Su Palabra.

pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies;

porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.

Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho:

Este es el pacto que haré con ellos
Después de aquellos días, dice el Señor:
Pondré mis leyes en sus corazones,
Y en sus mentes las escribiré,

añade:
    Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.

Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

Hebreos 10:12-18 (La Biblia, RV1960)

En este pasaje podemos entender con aún mayor claridad la maravillosa obra del perdón de Cristo en nuestras vidas. Jesucristo borra nuestros pecados, los quita de en medio nuestro y hace una obra maravillosa de transformación por medio de su Espíritu Santo, pone sus leyes en nuestros corazones y nuestras mentes y nos santifica. ¡Cuan victoriosa es la obra de Cristo en nosotros!

La entrada al lugar Santísimo

 Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,

por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne,

y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios,

acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.

Hebreos 10:19-22 (La Biblia, RV1960)

La Cruz significa reconciliación. Aquella relación íntima que perdieron Adán y Eva por medio de su desobediencia es recuperada por medio de la obediencia de Jesús. Cristo por medio de su sangre y de su carne nos hace aptos para entrar en la presencia misma de Dios. Podemos ir y estar frente a Él, estar a sus pies y ser transformados por el toque de su mano. Podemos ir confiadamente, sabiendo que no caeremos muertos ante su presencia, porque Cristo nos santifica. Tenemos la libertad de sentirnos amados por Dios, de ser llamados sus amigos y de caminar junto con Él. Tenemos la posibilidad de que nuestro corazón sea purificado para poder amar a Dios con el mismo amor con que Él nos ama y así tener una relación íntima con Él.

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Muerte y resurrección

 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?

Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.

Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;

sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.

Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.

Romanos 6:3-7 (La Biblia, RV1960)

Para los cristianos la Cruz no solo simboliza la muerte de Cristo, sino que simboliza nuestra propia muerte. La muerte a nuestra carne, esto es a nuestros deseos y egoísmo, a nuestra rebelión en contra de Dios. Ya no vivimos para servirnos a nosotros mismos, ya no vivimos para obedecer a nuestras pasiones desordenadas ni al pecado, hemos muerto, el viejo hombre fue crucificado junto con Cristo.

 Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él;

sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él.

Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive.

Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.

Romanos 6:8-11 (La Biblia, RV1960)

Porque la historia de Cristo no terminó en su tumba, su muerte era solo el comienzo de su victoria. Cristo resucitó, ¡Él vive! y nosotros vivimos junto con Él. Ya no más esclavos, sino libres. Tenemos una vida nueva para vivir para Dios. Estamos vivos para andar en su voluntad; estamos vivos para mostrar su gloria; estamos vivos para ver, conocer y manifestar el Poder de su Espíritu Santo; estamos vivos para habitar en Su Reino.

Honestamente, mientras más medito en el significado de la Cruz más me doy cuenta que no existen palabras suficientes para describir la obra de Cristo, al final de esta reflexión me quedo con la sensación que aún queda tanto por decir, que necesitaría citar la Biblia entera para lograr explicar su significado. La buena noticia es que tenemos toda una vida eterna para meditar y deleitarnos en Cristo y su obra. Mientras tanto te comparto un pedacito de mi momento Peachy de Semana Santa.

 

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