Una historia de sanidad

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Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 

¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?

Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;

pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.

Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?

Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Mateo 6:25-33 (RV1960 Énfasis puesto por la autora).

Este es un pasaje bíblico muy conocido. Es posible que todos lo hayamos leído al menos una vez en la vida. Es un pasaje sin muchas interpretaciones que tiene un mensaje claro y directo: Si el Señor cuida de la creación, ¿cuánto más cuida de nosotros? Por lo tanto, no te afanes. Sin embargo, ¿somos realmente conscientes de esta verdad? o continuamos viviendo afanados, ¿Has tenido una verdadera revelación acerca de este pasaje? o acostumbras a leerlo rápidamente sin detenerte a meditar en él.

Esta semana se cumple un año desde la partida de mi querida Bandy. Los que me conocen saben que ella fue mi perrita regalona, que llegó a mi vida hace 17 años atrás. Bandy fue muy especial para mí, siempre la consideré un precioso regalo de Dios en mi vida. No solo llenaba de amor y alegrías mis días, sino que el Señor me enseñó de diversas formas acerca de la ternura, compasión y preocupación que Él tiene por su creación, y, cuanto más, por sus hijos. No tengo intenciones de transformar este devocional en una oda a la Bandy, más bien quisiera compartir una de las cosas que el Señor hizo en la vida de ella.

Una Historia De Sanidad

Un día, cuando Bandy tenía aproximadamente 5 años, comenzó a sentirse mal, andaba decaída y no estaba comiendo. Todos sus síntomas indicaban que sufría de Distemper, una enfermedad fatal en los perros. En medio de la preocupación, llegamos a la conclusión con mi papá de que si Dios es el creador de todo, incluso de los perros, entonces el Señor la podía sanar. Oramos por ella con esa fe y el Señor en su Gracia ¡la sanó! Luego de la oración la Bandy fue a comer y nunca más hubo síntomas de esa enfermedad. Así fue como el Señor se transformó en nuestro veterinario de cabecera, y cada vez que ella enfermaba orábamos y el Señor la sanaba.

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Dios me dio el regalo de que la Bandy viviera hasta los 16 años con muy buena vejez. Tenía todos sus sentidos funcionando bien, subía las escaleras sin problemas y gozaba de buena salud.

Un día estaba preparándola para darle un baño, y dejé a la Bandy encima del mesón del baño mientras iba a buscar algo. Cuando regresé, ella estaba tirándose mesón abajo. Traté de atajarla, pero fue muy tarde. Al caer se golpeó su pata derecha, trasera. Estaba totalmente dislocada, no podía moverla y no podía pisar, así que la llevamos de urgencia a la Clínica Veterinaria. Este fue el resultado:

El hueso de la pierna estaba totalmente desencajado. Me dieron dos soluciones: La primera era encajarle manualmente el hueso, con un 30% de efectividad. La segunda, operar (con el riesgo que significaba operar a un perro de esa edad). La operación costaba $120.000 chilenos, y solo tenía un 80% de efectividad. Decidimos buscar una segunda opinión.

Llegamos a casa con mi papá y con la Bandy, con su patita dislocada, y oramos por ella. La acosté en su cama y salimos. Cuando volvimos, ella continuaba acostada, durmiendo, pues con la lesión necesitaba ayuda para estar parada. La tomé en brazos y la llevé para que pudiera hacer pipí. Mientras yo la sostenía para que ella pudiera hacer su necesidad, delante de mis propios ojos, la Bandy se apoyó en sus dos patas traseras y comenzó a caminar. Yo gritaba de alegría, el Señor en su misericordia y compasión ¡la había sanado! ¡Cuanta ternura de parte de mi Cristo! La sanidad fue 100% efectiva, no quedó ninguna secuela del accidente ¡Gloria a Dios!

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Bandy parada en sus cuatro patas después de la Sanidad

Te cuento esta historia para que entiendas que si Dios tiene compasión de una pequeña y peluda criatura como la Bandy, cuanta más compasión tiene el Señor por nosotros que somos sus hijos. ¡Dios sana! y si sanó a mi tierna mascota, también nos puede sanar a nosotros. No tengo duda de eso, es por eso que Cristo no solo fue el veterinario de mi Bandy, sino que, hoy, Él es el médico de mi familia. Amén.

Recuerda:

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? 

Mateo 6:26 (RV1960)

Nathalia Freire

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3 comentarios en “Una historia de sanidad

  1. Aleluya!! Que maravillosa “historia de sanidad”. Doy Fé absoluta que nuestro DIOS Veterinario está pendiente de cada una de sus creaturas. Quisiera compartir una de las muchas “historias de sanidad” experimentadas con mis animales(gallinas, perros, conejos, faisanes….). Teníamos una Cuye ó Cuy criada muy regalona que llegó de un mes a nuestra casa. Varias veces intentamos que fuera madre pero no quedaba preñada. Tenía 5 años, cuando un día mi hija llegó llorando con ella en brazos pues sangraba por atrás. Partimos de inmediato al veterinario y mientras esperábamos nuestro turno de atención, me fui al patio de la clínica con nuestra Cuy y comencé a orar a CRISTO por su sanidad. El pronóstico del médico fué que estaba muy grave pues se había pegado una infección que es mortal para su especie. Yo sabía que DIOS CREADOR la había sanado así es que la llevamos a casa. la cuidamos bien y ….. desde entonces pudo ser madre en 4 ocasiones diferentes de unos hermosos cuyes. Murió a los 8 años por vejez sin haber tenido nunca más una enfermedad.

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  2. No tenia idea que la “mandy” (como le decia yo )habia fallecido .se lo que se siente perder un perrito que es parte de la familia y de nuestra vida por tantos años.
    Que lindo blog naty !!
    Te mando un abrazo gigante

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